jueves, 23 de abril de 2015

CÓMO DEFINIR QUÉ ES DESCRIBIR? (Patrizia Farello y Ferruccio Bianchi, Saber describir)

El recorrido que proponemos tiene en cuenta que los elementos descriptivos se corresponden con los primeros elementos de conocimiento y éstos se comunican lingüísticamente narrando hechos o historias. Basta con observar una sola vez la interacción madre-hijo para entender cómo el adulto basa la comunicación en la descripción del acontecimiento. Por eso nos parece natural tratar el tema evolutivamente, según una secuencia que prevé el narrar como vehículo del describir y, a través del análisis de cómo funciona un texto descriptivo, ilustrar las operaciones que implica.

Con lo que hemos anticipado podemos comenzar nuestro recorrido asumiendo como punto de partida la definición recogida en los diccionarios de lengua, en referencia al uso práctico del término.
    El diccionario de la Real Academia Española en su vigésima segunda edición ofrece la siguiente definición del acto de describir :

"Delinear, dibujar, figurar algo, representándolo de modo que dé cabal idea de ello. [...] Representar a alguien o algo por medio del lenguaje, refiriendo o explicando sus distintas partes, cualidades o circunstancias.

La formulación de la Real Academia pone en evidencia al menos dos elementos fundamentales: el primero atañe al examen de realidad, por el cual el tema se enriquece con detalles y características que completan y tienen coherencia con el referente; el segundo subraya implícitamente el hecho de que los elementos descriptivos están expuestos en una narración. Describir es por tanto una operación mental que recuerda, por un lado, las habilidades lingüísticas propias del acto de narrar y, por el otro, el saber leer los datos básicos integrándolos con los conocimientos que ya poseen.(P. Farello y F.Bianchi. Saber describir, p.16).

Dado que en la relación educativa es importante partir de las modalidades espontáneas de trabajo de la mente del estudiante, en el ámbito de una situación de aprendizaje es importante conducir al alumno hacia el dominio de habilidades lingüísticas a través de la narración. Los estudios de psicología del desarrollo sobre cómo nace el pensamiento han demostrado, de hecho, que el modo natural de construir conocimiento es el de narrar. Esta afirmación halla su justificación en la ontogénesis de la cultura del niño. Éste nace en condición de prematuridad, por lo cual el desarrollo de su cerebro sucede tras el nacimiento, en interacción con el ambiente. La dependencia parental realiza las condiciones de inculturación, dado que el niño aprende lo que es necesario para integrarse en la cultura de las personas que se ocupan de él.

    Según la teoría interactivo-construccionista, la inmadurez del niño no significa ausencia de competencias, dado que varias evidencias empíricas han demostrado la existencia de una dotación de partida: desde la perceptiva, presente en el feto, como por ejemplo el oído, hasta la competencia social, que en la perspectiva cultural desde Vitgotsky, pasando por Bruner hasta Geertz, está en el origen de los procesos mentales. Ésta última se manifiesta en la preferencia por el rostro, normalmente materno, con la presencia de la sonrisa social como premisa para un intercambio interactivo de satisfacción mutua, con el hecho de compartir la atención por la cual niño y adulto orientan su propio interés hacia el mismo objeto o acontecimiento. (p.17. Ibid).








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