martes, 4 de agosto de 2015

¿DÓNDE ESTA DIOS? (Pbro. Jesús Hernando Camacho Mosquera)

¿DÓNDE ESTÁ DIOS?

Uno de los dolores más atroces  vividos por la historia de la humanidad, está representado en los campos de concentración; el dolor sumado, las angustias de mujeres, niños, hombres y ancianos de todo el mundo, vivieron situaciones que la razón humana no podía ni comprender, ni aceptar.

La separación forzada de las familias, los amores partidos, la lejanía de los hogares, de sus pertenencias, de sus raíces, el drama de la soledad, de lo incomprensible el sufrimiento desgarrador sin palabra que pudiera dar una luz de consuelo en medio de la desesperación y del drama provocado por la raza humana, a causa de la diferencia de pensamiento, de la fuerza y del absurdo poder.

En un mismo campo de concentración, delante de los dolores incomprensibles de los seres humanos, ante la oscuridad del desastre aterrador, surgió una pregunta: ¿Dónde está Dios? Las respuestas no se hicieron esperar , una de ellas era... ¡Dios no existe! no es posible que si existe un Dios bueno, verdadero, permita tanta miseria contra el hombre, sin que haya una intervención del Todopoderoso, sin que algo extraordinario y mágico pudiera sacarnos como por arte de magia de lo absurdo que provoca la raza humana.

Pero en el mismo campo de concentración, una segunda respuesta aparece ante el dolor atroz infringido por los hombres. !Dios existe¡ y muere como Cristo, con cada hombre que es llevado a las atrocidades de la muerte, de la humillación y del desastre de lo humano. No estamos solos, ni abandonados a la miseria humana del odio, del resentimiento. Él, el único verdadero no nos abandona, está junto a nosotros, nos acompaña en el drama de nuestra existencia.

Hoy nuestro país, los rincones de cualquier ciudad del mundo experimentan cierta soledad, ante todas las insinuaciones del terrorismo, de la delincuencia,  de los que inspiran sus acciones en la destrucción, que se sacian en la realización del mal. Que guardan espacios para reflexionar en la manera de la deconstrucción de lo bello. Que no escatiman esfuerzos para lastimar y herir sin piedad, para lastimar aún los más débiles de una sociedad, sin evitar la muerte de inocentes, niños, mujeres y hombres que no tienen nada que ver con los conflictos del mundo entero.

La coincidencia de cruzar una calle, donde el mal está generando una estrategia de muerte, ha apagado esperanzas, deseos, proyectos que con todo el amor y el conocimiento de los hombres de bien, se han borrado con una de tantas acciones violentas.
La coincidencia de tomar un avión, de estar en un museo, de recorrer un supermercado o de participar de una maratón donde se vive la disciplina, ha sido ocasión de muerte, incluso a veces el haber nacido en una tierra que ha sido marcada por un odio histórico, o una herencia de violencia ha generado la muerte de gente inocente que no tiene nada que ver con los conflictos que genera la humanidad, donde el lenguaje se utiliza para justificar todo tipo de acciones, atrocidades y desastres de lo humano sin escatimar esfuerzos, en la manera como se destruye y se lastima.

Hoy también nos hacemos la misma pregunta y ¿Dónde está Dios? Sin dudar que para muchos seres humanos, es un pretexto poder entrar en el confortable espacio del no creer, cuando no existen razones para ello...si fueran verdaderamente válidas. Algunos pensadores modernos, entraron en el camino del ateísmo moderno, por la imposibilidad de entender y de aceptar que ante los dramas injustos de la humanidad, como la muerte de niños inocentes, pudiera existir un Dios bueno y justo que permitiera semejantes atrocidades contra los seres humanos.

Pero también hoy, el dolor en todos los rincones de nuestra patria, de nuestras ciudades, los dramas  que nuestros niños, jóvenes, mujeres y ancianos que sufren en el cruce de una calle, la soledad de una autoridad que proteja, que acompañe, se suscita de nuevo la pregunta...¿Dónde está ése Dios providente que acompaña al hombre en el desierto de la vida, en el desastre de la naturaleza que se empecina contra los más necesitados, ése Dios protege de los que realizan el mal.

La fe es la respuesta a éste Dios misterioso que se revela providente a pesar de las dificultades del camino; creer contra cualquier insatisfacción del corazón, contra toda desesperanza. La fe es aferrarse a aquél que no defrauda bajo ninguna circunstancia de la vida. Es confiar lo que somos, es sentirnos acompañados aunque las turbulencias de la vida, nos saquen de nuestros rincones de confort. Es creer en el que siempre nos ha amado y nunca podrá abandonarnos, pues en Él no existe contradicción alguna.

No tener una respuesta frente al dolor, frente a la muerte, frente a las acciones de maldad del hombre, nos devuelve a la soledad de la vida misma. Los que creemos podemos abrazar una nueva manera de existir, una manera nueva de saber esperar y sobretodo de saber crecer en medio del dolor, contra toda desesperanza. (Pbro. Jesús Hernando Camacho Mosquera)

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