Los grandes filósofos nos enseñaron la belleza, lo bueno, lo verdadero a través de conceptos sabios, que poco a poco, fueron mostrando un camino maravilloso en el corazón de quien se abrazaba a lo bello.
Hemos aprendido a descubrir, cómo los valores, la armonía, tienen que ver con la belleza del corazón del hombre, el aprender a ejecutar una linda melodía, a través de un instrumento musical o también, utilizando el instrumento humano más poderoso de la persona humana: La voz. Ella nos permite matizar, expresar nuestros estados de ánimo, nos permite manifestar nuestra alegría o nuestra tristeza. La voz es captadora de nuestras emociones personales y más aún es motivadora de la existencia humana, cuando sabe decir, cuando puede pronunciar bellas cosas en torno a la grandeza del alma.
Una de las emociones recientemente vivida, fue el asistir al museo Rayo en Roldanillo , donde con algunos aprendices, descubrimos el valor de los artistas que saben mezclar, la imagen junto a la voz. Los lugares que envuelven el ambiente en un contexto de meditación, de reflexión, de belleza , cuando el corazón sabe experimentar emociones que hacen que todo tome sentido y más aún, que no necesite explicación alguna. Todo ello viene manifiesto en el caudal de las emociones, de lo verdaderamente humano, en su espontaneidad maravillosa.
Es por ello que se evidencie con el tiempo, que la capacidad de destrucción de ciertos seres humanos, radique en la ausencia, de lo estético, en la ausencia de vivencias que conduzcan a la belleza de la existencia humana, a lo ético, que plantea un hacer armonioso, moderado, justo, preciso en el campo de la acción del sujeto humano.
Decir lo bello, pronunciar las cosas que elevan el alma, produce grandes sensaciones al corazón. Llama a poder habitar un destino diferente, espanta la fealdad de la existencia del hombre, va contra la maldad de lo que desfigura, destruye y lastima. Es quizás por ello que personas tan agradables de ver, de escuchar, de gustar la compañía placentera, con el tiempo se hagan indeseables a percibir, por las malas palabras pronunciadas sin cesar que causan pobreza en el corazón de los seres humanos, incluso de quienes les aman, van perdiendo el encanto de la belleza física o espiritual, por la dureza y la fealdad que arrastra el decir con sus labios, lo más detestable continuamente, apuntando a una manera pobre de existir.
Pronunciar, decir lo bello,escribir lo agradable eleva la humanidad de la persona humana.El hacer de todo sujeto humano. (Octubre 27/2015).
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