Durante mucho tiempo hemos aprendido que la vida humana es un camino de procesos, que las plantas y la naturaleza humana nacen, crecen, se reproducen y se mueren. Se vuelve a iniciar un ciclo, una impresión de volver a comenzar.
Las enseñanzas del deporte, ahora durante La Copa América, calla un nombre, del que todos hemos sido testigos era, un mago del balón, de la precisión, de la búsqueda y de la fuerza en la colectividad.
Su nombre es Falcao, todo un país hizo fuerza y ruido para querer ver a ese gran hombre en nuestra Selección. Su lesión atlética, su frustrado rompimiento corporal, todo se quiso realizar como un milagro apresurado.
Y en ese afán desmedido, hicimos que el calor de un hermoso pueblo colombiano, permitiera acelerar procesos, "acelerar" la recuperación de los músculos; apresurar las maneras que usualmente se realizaban poco a poco, se agitaron con una rápida recuperación casi incomprensible a lo que es la sabia naturaleza humana.
Por eso quisiera decir, que todo en el hombre obedece a un proceso, comenzamos muy diminutos y luego desde dentro del vientre de una madre, todo se va gestando con una gran sabiduría del milagro de la vida.
Por ello, podemos redescubrir que la vida humana es un camino de procesos, de vías a la plenitud de la existencia humana. Es un camino de lógica, que se va llevando poco a poco.
Luego comenzamos a gatear, a caminar y más tarde podemos descubrirnos seres libres capaces de decidir, por encima de la influencia de la masa humana, son quienes han permitido dejarse contagiar por la multitud y no seguir el camino de la razón y de la libertad propia de cada ser humano.
Todos sentimos ese desafío constante de la masa humana, que pretende imponerse por encima de nuestros criterios personales, acallar, silenciar el compromiso con nosotros mismos, hasta dejarnos solos en el silencio de nuestras propias y dolorosas soledades, por escuchar la masa y no nuestro corazón y nuestra razón.
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