Con éstas experiencias últimas vividas a lo largo del mundo, en tantos países, me parece que estamos viviendo una historia contada hace más de dos mil años; y me refiero a lo que una multitud anuncia a lo largo y ancho del universo. Anunciando que un hombre inocente murió, humillado, lastimado,delante a los ojos del mundo. Diciendo sus últimas palabras, con todo el dolor de que un hombre es capaz,mientras invocaba la necesidad de respirar, la necesidad de que alguien como una madre pudiera venir en su ayuda; pero murió ante los ojos silenciosos,de otros que le abandonaban a su desgracia, su silencio y su destrucción.
Alguna vez escuché que la "Voz del Pueblo es la voz de Dios". Un pueblo lanzado a las calles para hablar de su muerte, de la injusticia a ratos silenciosa, a ratos pronunciando su nombre, a ratos permitiendo que otros con iras diferentes, se camuflaran entre la multidud para vulnerar y esconder su rabia, su ira, sus odios escondidos.
Es impresionante ver jóvenes con las manos arriba, diciendo que no están de acuerdo con la muerte inhumana de otros; jóvenes a escasos pasos de oficiales de la policía armados,mirándoles a los ojos, hablándoles a ellos con la palabra que razona, sin insultos, para recordarles que también son hombres,seres humanos como los demás. Parecería que la historia de los nuevos profetas se repitiera en los rostros de otros hombres, que iluminados por una gran multitud, vuelven a reclamar lo fundamental de la vida, el respeto, el valor que nos une y nos conecta con ésta humanidad que vivimos.
Pero también es impresionante escuchar y ver, cómo las familias y las víctimas llaman a la calma, a honrar el nombre de sus muertos, no con la misma violencia, no con el mismo odio ni con la misma destrucción de otras pobres víctimas ante el odio desordenado, sino con su silencio en multitud.
Impresiona ver el respeto de quienes dirigen a otros en el orden y en la justicia, quitarse el sombrero para hablar con delicadeza y veneración de las familias lastimadas. Impresiona ver los hombres armados, de rodillas ante también los arrodillados jóvenes indefensos, para reclamar la justicia. Parecería la confusión de sentimientos de ambas partes, o mejor la confusión de llegar a comprender finalmente que no somos dos, ni tres, ni cuatro diferentes, sino que somos uno sólo :
La humanidad, nuestra humanidad.
Quedo paralizado ante el silencio de los líderes que a ratos no saben leer el corazón del pueblo, confundiéndose entre sentimientos de fuerza, de temor, de cercanía, de falsos sentimientos de compasión o de solidaridad, entrando en el camino de lo ridículo y de la falta de sentido. Los jóvenes han mostrado el camino, han llegado a permitirle al hombre postmoderno una sensibilidad más allá de lo superfluo.
Quedo sin palabras, al ver un joven solitario que ofrecía respeto a cada uno de los militares frente a frente, hablándoles a los ojos, mientras ellos escondían sus rostros entre sus cascos blindados, entre las máscaras de gas, un simple joven vestido de rojo, hablaba sin odio, con calma con cada uno de los militares, donde la única protección era un tapabocas, que le preservaba de cualquier peligro de enfermedad.
Éstos parecen ser los nuevos rostros de otros profetas del bien, otros que arriesgando todo parecería que una fuerza superior les acompañara, ya no tienen miedo, ya no temen perder, ya saben que es mejor ser fuertes y solidarios, que escondidos y solitarios, esperando la muerte mientras se cruzan de brazos, mirando la maldad crecer en su cercanía.
Que bueno que el mensaje de una nueva humanidad, nos haya tocado a los ojos, a la razón, al corazón al pensamiento. Y por qué no, a una nueva manera de creer, de sentir ,de existir .
"I CAN´T BREATHE" (George Floyd)
Jesús Hernando Camacho Mosquera. 1 de junio de 2020.(9:43 p.m.)
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